Arte en zaragoza | La materia despierta: rostros, símbolos y color
En estas esculturas, el rostro se convierte en umbral entre lo humano y lo arquetípico, entre la identidad individual y una memoria que parece venir de otro tiempo. Las formas, rotundas y esenciales, construyen una arquitectura simbólica que contiene y revela la presencia humana.
La incorporación del color introduce una nueva dimensión en mi lenguaje escultórico. Fragmentos geométricos de azules, ocres, tierras y negros irrumpen sobre la blancura de la materia como signos, huellas o restos de una realidad fragmentada. No son ornamento, sino una escritura que atraviesa la forma y transforma su significado.
En esta búsqueda me interesa el encuentro entre el orden de la geometría y la libertad del gesto, entre la pureza de la forma y la irrupción de lo inesperado. La escultura deja de ser un volumen cerrado para convertirse en un espacio de tensiones, donde conviven lo ancestral y lo contemporáneo, lo sagrado y lo cotidiano, la permanencia y la transformación.
El color se incorpora así como una nueva materia expresiva: una fuerza que rompe la contención de la forma, altera su equilibrio y la libera de su anterior silencio. La escultura permanece, pero algo en ella despierta y comienza a hablar desde otro lugar.



