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Arte en Zaragoza | Prometeo liberado: La materia y la conquista de la libertad

Arte en Zaragoza | Prometeo liberado: La materia y la conquista de la libertad

Hay esculturas que nacen de una idea y otras que parecen llegar desde un lugar más profundo, como si la materia ya contuviera, antes de ser trabajada, una pregunta esperando ser formulada. En mis últimas obras realizadas en alabastro y resina de bronce, esa pregunta tiene que ver con la libertad, la transformación y la posibilidad de romper aquello que nos mantiene sujetos a una forma predeterminada.

Por eso estas piezas dialogan, de manera natural, con Prometheus Unbound (Prometeo liberado), la obra poética y dramática que Percy Bysshe Shelley publicó en 1820. En ella, Shelley retoma el mito de Prometeo, el titán que desafió a Zeus y entregó el fuego a los hombres, para convertirlo en una reflexión sobre la rebelión, el poder y la liberación del espíritu. Me interesa la idea prometeica que permanece viva en la materia. https://es.wikipedia.org/wiki/Prometeo_liberado

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El alabastro como materia de transformación

El alabastro posee una cualidad que me resulta especialmente sugerente porque parece contener luz en su interior. No es una piedra completamente opaca; sus vetas, transparencias y variaciones hacen que la superficie cambie según la iluminación. Trabajarlo supone revelar algo que ya estaba allí.

En estas esculturas he buscado aprovechar precisamente esa condición. El blanco del alabastro establece una apariencia de pureza, de silencio y de permanencia, pero las formas no son estáticas. Hay cortes, interrupciones, vacíos, signos y cuerpos que parecen emerger o quedar atrapados dentro de la propia arquitectura de la pieza.

Es aquí donde encuentro a Prometeo.

El Prometeo de Shelley, castigado por haber desafiado al poder, es también la consciencia que se niega a permanecer encadenada. Su liberación consiste además de abandonar unas cadenas físicas, en superar una determinada concepción del poder, de la violencia y de la dominación.

Mis esculturas parten también de esa tensión: la materia como límite y, al mismo tiempo, como posibilidad de liberación.

El rostro: aquello que permanece cuando todo cambia

En estas obras aparece un elemento que se ha convertido progresivamente en una constante de mi trabajo: el rostro.

Frente a la geometría del alabastro, los rostros realizados en resina de bronce introducen otra temperatura visual y simbólica. Son oscuros, terrosos, casi arqueológicos. Parecen proceder de otro tiempo y, al mismo tiempo, observarnos desde el presente o el futuro.

El contraste entre ambos materiales es deliberado.

El alabastro representa una suerte de arquitectura del espíritu: vertical, luminosa, silenciosa. La resina de bronce introduce la memoria, la huella, lo humano y también aquello que permanece en sombra.

El rostro es el lugar donde esas dos dimensiones se encuentran.

Prometeo, en Shelley, también vive en esa tensión. Está condenado y, sin embargo, no renuncia a sí mismo. Su resistencia no es únicamente física, es interior. La libertad comienza cuando el individuo deja de aceptar como inevitable aquello que le ha sido impuesto.

Estas esculturas son presencias que parecen haber atravesado un proceso de transformación.

Del dios al hombre, del mito a la materia

Mis escultura han regresado muchas veces a los mitos, a los dioses, a los héroes y a aquellas figuras que pertenecen a una memoria colectiva anterior a nosotros. Esa misteriosa sensación primitiva y arcaica de lo sagrado que precede a cualquier sistema religioso. El contacto primigenio con algo extrahumano, a veces terrible, e indiferente ante nosotros. Pero el mito me interesa porque continúa hablando de nosotros, y no como reconstrucción arqueológica.

Prometeo puede ser entendido como el símbolo de quien roba el fuego, pero también como aquel que se atreve a llevar la luz allí donde estaba prohibida. El fuego prometeico puede ser conocimiento, creación, conciencia, imaginación o deseo de transformar el mundo.

En este sentido, el acto escultórico comparte algo con ese gesto.

Trabajar una piedra supone enfrentarse a una resistencia. Hay que eliminar, cortar, vaciar, pulir. Pero también hay que saber cuándo detenerse. La obra aparece en el diálogo entre lo que el escultor quiere imponer y aquello que la propia materia permite.

Quizá por eso el título Prometeo liberado adquiere para mí un significado que va más allá de la referencia literaria a Shelley. Habla también de un proceso personal dentro de mi propia escultura: liberar la obra de aquello que la constriñe para permitir que aparezca su verdadera forma.

Alabastro y resina de bronce: luz y sombra

El diálogo entre estos dos materiales intensifica esa lectura.

El alabastro es luz, pero no una luz absoluta. Sus vetas recuerdan que incluso lo blanco contiene sombras.

La resina de bronce parece oscura, pero precisamente por eso concentra la mirada. Los rostros adquieren una presencia casi ancestral, como si fueran fragmentos de una memoria enterrada que regresara a la superficie.

Entre ambos materiales se establece una conversación: luz y sombra, permanencia y transformación, cuerpo y espíritu, pasado y presente.

Los signos y relieves que aparecen integrados en algunas de las piezas acentúan todavía más esa sensación. Funcionan como huellas, como escrituras de una civilización imaginaria o como restos de un lenguaje que todavía no hemos descifrado. Confieso que soñé con esos signos y soy trasmisor de un lenguaje que va más allá de lo existencial.

Liberarse no significa escapar de la materia

Prometeo liberado es una escultura ,o una serie de esculturas, sobre lo que ocurre después de liberarse de las cadenas.

Porque toda liberación implica una transformación. El cuerpo que ha estado sometido ya no es el mismo. La memoria permanece. La cicatriz permanece. La experiencia permanece.

También la materia conserva sus huellas.

Cada veta del alabastro, cada irregularidad, cada incisión y cada accidente del proceso forman parte de la obra. No pretendo borrar esas marcas; al contrario, forman parte de su identidad.

La escultura se convierte así en una especie de territorio intermedio: entre lo humano y lo divino, entre la piedra y el espíritu, entre el mito antiguo y nuestra experiencia contemporánea.

Shelley imaginó un Prometeo que finalmente podía liberarse del poder que lo mantenía encadenado. Yo encuentro en esa imagen una metáfora profundamente escultórica: crear consiste, en buena medida, en liberar una forma que todavía permanece oculta dentro de la materia.

Y quizá ese sea, en última instancia, el verdadero fuego de Prometeo: la capacidad de transformar aquello que parece inevitable. La capacidad de transformar la realidad.

Alfonso Ortiz Remacha
Escultor zaragozano

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2 comentarios en “Arte en Zaragoza | Prometeo liberado: La materia y la conquista de la libertad”

  1. Del dios al hombre, del mito a la materia, un pensamiento que captura perfectamente la esencia histórica y filosófica que contienen tus esculturas. Como bien dices, al transformar la materia, la escultura se convierte en una especie de territorio intermedio: entre lo humano y lo divino, entre la piedra y el espíritu, entre el mito antiguo y nuestra experiencia contemporánea. Gracias Alfonso, he disfrutado con la lectura y a mirar más profundamente tu trabajo.

    1. Alfonso Ortiz Remacha

      Muchísimas gracias por tus palabras y por detenerte a mirar mi trabajo con tanta profundidad. Me alegra especialmente que hayas percibido ese territorio intermedio entre el mito, la materia y lo humano, porque es precisamente ahí donde siento que habitan mis esculturas. Que la obra provoque una mirada más profunda y abra algún espacio para la reflexión es, para mí, una de las mayores satisfacciones. Un abrazo y gracias de nuevo por acompañarme en este camino.

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